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El Home Office/Teletrabajo nos agarró de sorpresa

Dicen que las mejores experiencias de transformaciones organizacionales han sido en el modelo “big bang”, es decir llevar adelante un cambio bajo una sola instancia, donde todos se mueven hacia ese nuevo esquema instantánea y aceleradamente.

Otros discuten esta teoría y proponen un modelo progresivo, preparando el cambio a través de proyectos pilotos para ir midiendo la respuesta de las personas y tomando medidas correctivas en función de las dificultades que vayan apareciendo.

Es discutible y cada una de ellas tiene sus cosas positivas y negativas, dependiendo de muchos factores que rodeen a la organización. Lo que sí es cierto, es que los recientes acontecimientos globales no nos permitieron escoger y nos llevaron abruptamente a una realidad, en la que nos estamos dando cuenta, no estábamos adecuadamente preparados.

Súbitamente nos vimos de repente en nuestros hogares, intentando aplicar lo que en la teoría se venía diciendo ya desde hace algún tiempo, esto es, que el trabajo remoto era positivo, que la tecnología nos facilita hacerlo, que es el futuro del trabajo y tantas otras cosas más que leíamos o nos habían contado.

Sin embargo, la realidad ha sido completamente diferente. Las cosas no han sido tan sencillas como parecían, empezando por la autodisciplina y voluntad que se requiere para trabajar de una manera eficiente y responsable desde el propio hogar.

Hemos aprendido algunas cosas importantes: no hay que sobreestimar la capacidad de adaptación a un ambiente solitario y seguimos necesitando del contacto humano, a veces tan subvalorado en estos tiempos.

Esta crisis debería ayudarnos con aprendizajes prácticos que nos sirvan desde ahora en adelante, entendiendo que las cosas cambian impredeciblemente y necesitamos responder ágilmente para no quedarnos fuera de contexto. 

En este nuevo escenario de home office, debemos considerar lo siguiente:

1) Mentalizarnos: de la misma manera que ponemos esfuerzo para hacer actividades que a veces nos cuestan, pero sabemos que nos benefician (ir al gimnasio, hacer dieta, etc.) Todo es cuestión de hábitos.

2) Fijarnos objetivos diarios: nos daremos cuenta de que así todo funciona mejor y nos motivará a seguir consiguiendo más. Ya no seremos medidos por las cosas que hacemos sino por las metas que logramos diariamente. No importa cuál sea nuestra función. Siempre podemos fijarnos pequeños objetivos y al final de la jornada evaluar cuál ha sido nuestro desempeño.

3) Establecer una agenda diaria: poner prioridades y saber diferenciar entre lo crítico y secundario se volverá fundamental. Seremos dueños de nuestro tiempo como nunca antes y debemos demostrar que somos unos administradores confiables del mismo.

4) Fijar pausas: es perfectamente válido incorporar paréntesis que nos permitan recargarnos. Estas pausas deben tener tiempos definidos que se respeten y se deben intercalar cada 2 o 2.5 horas.

5) Poner a punto los “básicos”: un espacio, por pequeño que sea, que nos facilite concentración, conectividad, iluminación y motivación para dedicarnos a nuestras tareas, así como los recursos tecnológicos apropiados.

6) Crear un código para las reuniones internas o externas: si vamos a comunicarnos con nuestros clientes o compañeros, vía remota, es óptimo siempre incorporar la función de video, para generar sensación de cercanía, pero eso obliga que incorporemos códigos de vestimenta, puntualidad, preparación y fijación de objetivos de la reunión.  Existen recursos que permiten muchas funcionalidades para que la reunión sea ordenada y productiva.

Pueden existir muchas más técnicas valiosas, que nos permitan subsistir en este mundo laboral que ha cambiado y probablemente nunca volverá a ser igual.  De nosotros depende ahora sí aplicar en todo el sentido de la palabra, aquellas competencias que antes quizás veíamos lejanas: resiliencia y adaptación al cambio.

 

EL AUTOR

Roberto Estrada Vallejo tiene el grado de MBA por el IDE Business School y es Ingeniero Comercial por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Ha recibido entrenamiento especializado en el área de Recursos Humanos en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Perú, Venezuela y Estados Unidos.  Actualmente es director y profesor del área académica de Dirección de Personas en el IDE Business School y Socio de Consultoría en Deloitte, responsable a nivel nacional del área de Human Capital Advisory Services.