Según datos de la ONU, menos del 30 % de los investigadores científicos son mujeres. ¿Por qué las mujeres se mantienen alejadas de este ámbito? ¿Son frenos externos o internos los que dan lugar a esta situación?
La presencia de mujeres en el ámbito científico continúa presentando un desequilibrio importante en España y en el mundo. ¿Por qué las mujeres se mantienen alejadas de este ámbito? ¿Son frenos externos o internos los que dan lugar a esta situación? ¿Cómo podemos impulsar y apoyar a las jóvenes científicas? Hemos abordado esta cuestión una gran conocedora del tema, María Iraburu, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular y rectora de la Universidad de Navarra.
Según datos de la ONU, menos del 30 % de los investigadores científicos son mujeres. En España, las mujeres ocupan el 25 % de las plazas de catedrático de universidad y profesores de investigación en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Las diferencias comienzan en las fases más tempranas de la educación y se ponen de manifiesto en la elección de estudios superiores. Los datos hablan por sí solos: la infrarrepresentación femenina en los ámbitos científico y tecnológico es un hecho.
Desde una perspectiva autobiográfica, María pone sobre la mesa experiencias en primera persona que le han llevado a descubrir los techos de cristal en la trayectoria científica de las mujeres, comunes a otras disciplinas y ámbitos profesionales. Sin embargo, considera que los enemigos más difíciles de vencer son internos, los sesgos y falsas creencias internas, los techos de cemento. La inseguridad y el perfeccionismo característicos del tan común síndrome de la impostora son obstáculos al desarrollo de trayectorias profesionales exitosas en el campo de la ciencia y la tecnología para muchas mujeres.
La complejidad de la persona, sus decisiones y su comportamiento, nos llevan a huir de explicaciones simplistas. Más bien, estamos ante un fenómeno multifactorial en el que los factores educativos, sociales y familiares tienen un peso importante. Contrastado el diagnóstico con datos y con la propia experiencia, lo relevante es apuntar e implementar soluciones para producir ese cambio tan necesario. En este punto, María apela de nuevo a la necesidad de actuar en diversos frentes, puesto que las causas del problema son también complejas.
El mentoring de las jóvenes que inician su trayectoria en los campos de la ciencia y la tecnología es una herramienta muy útil. Ofrecer referentes reales y asesorar desde la experiencia ayuda a generar autoconfianza. En esta línea, María ha impulsado la iniciativa Women for Science and Technology, dirigida a la visibilización de la mujer en la ciencia y a fomentar carreras científicas de alumnas de grado y posgrado de áreas STEM. Desde la universidad, los centros de investigación y las empresas, esta labor de visibilización puede producir un efecto llamada entre las más jóvenes, atrayendo y despertando vocaciones científicas ya en la escuela.
La perspectiva y las soluciones comentadas no son de exclusiva aplicación en el terreno científico o en el tecnológico, sino que pueden generalizarse para todos los terrenos profesionales. La visibilidad, el networking y el mentoring son instrumentos necesarios para ganar autoconfianza y dejar a un lado esos frenos internos, los techos de cemento, que en tantas ocasiones boicotean la trayectoria profesional de las mujeres.
