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¿Enferma el trabajo en equipo?

¿Enferma el trabajo en equipo?

Los integrantes del equipo, sobre todo los brillantes, si es que quedan, pueden caer en un “minimalismo cómodo”: hacer lo mínimo necesario.

La verdad es que muchas veces sí. Nos han vendido tan bien esta idea que la adoptamos como una verdad absoluta, sin posibilidad de reclamo. Difícil friccionar contra verdades repetidas hasta el cansancio por profesionales encargados del desarrollo empresarial, consultores y demás personajes entendidos en el arte de juntar a seres humanos para lograr la ultra conocida fórmula de sinergia: “dos o más individuos que actúan conjuntamente para producir un efecto combinado mayor que la suma de sus efectos individuales”. Dicho en una frase de “galleta china de la fortuna”: “el todo es más importante que la suma de las partes”. Permítanme discrepar en abundancia; o, al menos, poner ciertas condiciones.

Veamos las circunstancias. Muchas ideas brillantes son rechazadas por el falso consenso que se produce en los equipos de trabajo. Todos deben estar de acuerdo, así esto represente renunciar a la propuesta espléndida de alguien. La siguiente escena es clara: el talento callando para que el equipo no lo rechace. El “síndrome de la manada” ha producido dos consecuencias: frustración y menor calidad. Pocos son los que se arriesgan a la expulsión porque desean “ser amados”, incluso provocando grandes dosis de insensatez en el camino. Ahora, agréguele al falso consenso el sesgo de autoridad patrocinado por un pseudolíder que impulsa la obediencia ciega a sus mandatos, y que sobrestima sus habilidades, conocimientos y capacidades. El que NO se alinea a sus deseos es considerado “terrorista” o tóxico. Es la mejor manera de acabar de un solo golpe con la innovación y la rebeldía de cambio. La fórmula de la bomba atómica, esta vez sí en manos de reales terroristas.

Si, además, la “autoridad” comienza a caer presa de la inteligencia artificial generativa y la usa “copiando y pegando” respuestas sin discutirlas, el juicio crítico comienza a desvanecerse por falta de uso. Aún así pueden existir milagros. Incluso con esta receta que es todo menos un equipo de alto rendimiento, podrían suceder “milagros”. El milagro que todos esperan es conseguir los resultados económicos al final de la semana, mes o año. Con esto el “equipo”, y el que manda, confirman que sus métodos, teorías o convicciones son las correctas. Nadie contradice ni valora el proceso para llegar a ese resultado. Cuando el milagro acaba, la organización no sabe cómo sucedieron los resultados o cómo recrear estos eventos extraordinarios.

Los integrantes del equipo, sobre todo los brillantes, si es que quedan, pueden caer en un “minimalismo cómodo”: hacer lo mínimo necesario, invertir solamente la energía justa para obtener su paga y ocultarse entre los demás miembros. Para que la enfermedad se convierta en vigorizante salud hay que ir en contracorriente: cuestionar las creencias propias; dejar que el talento individual tenga su espacio y escoger la mejor solución; entrar en un ciclo experimental y saber escuchar; y, por último, ser amables. 

EL AUTOR

Diego Ignacio Montenegro es Top Manager por Harvard University, PhD en Economía y Empresa por la Universitat de Girona y posee varias maestrías en Alta Dirección de Empresas.

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