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Las habilidades que la inteligencia artificial no puede reemplazar

Las habilidades que la inteligencia artificial no puede reemplazar

Hay que ir probando y evaluando, y cuando tengamos mucha seguridad, entonces escalamos. Lo que no puedes hacer es esconder la cabeza.

En medio de la acelerada expansión de la inteligencia artificial, las competencias socioemocionales vuelven al centro de la discusión.

La inteligencia artificial avanza a una velocidad que transforma procesos, automatiza tareas y modifica la forma en que trabajan las organizaciones. Pero mientras el debate suele concentrarse en la capacidad tecnológica de los algoritmos, emerge una pregunta más profunda: ¿qué capacidades seguirán siendo exclusivamente humanas?

Ese escenario, de las llamadas soft skills, deja de ocupar un lugar secundario para convertirse en un elemento estratégico en las empresas y en el desarrollo profesional. Allí fue donde se alojó la charla de María Beunza, CEO de Human AI Tech, quien participó dentro del programa de Continuidad del IDE Business School. Ella sostiene que el desafío no es competir contra la inteligencia artificial, sino aprender a convivir con ella desde el criterio humano. “La IA tiene mucha expansión y capacidad, pero el criterio para automatizar procesos, amplificar las capacidades y tener espíritu crítico para ver si eso que nos está contando tiene sentido o no, lo tenemos los humanos”.

Ese criterio, explica, es justo el punto que diferencia una adopción útil de una dependencia riesgosa. En su experiencia, muchas personas utilizan herramientas de IA sin cuestionar resultados, automatizando respuestas sin evaluar impacto, contexto o coherencia. “Hay gente que cree demasiado en lo que le cuenta y quizá no tiene capacidad de purgar”, afirma. Aunque reconoce que existen usuarios avanzados y empresas que la utilizan de manera efectiva, advierte que el uso realmente integrado y estratégico todavía es bajo. “Estamos en una fase más exploratoria”.

La comparación que usa para describir este momento es reveladora. “Me recuerda un poco al Excel”, dice. “Está el que sabe hacer cositas, el que sabe hacer una macro y luego hay diversidad de usuarios. Pero nunca le sacamos todo el potencial que tiene”. La diferencia es que, en el caso de la IA, el riesgo de delegar completamente decisiones es mucho mayor. “El que de verdad delegue todo en la IA, puede tener problemas”, advierte. Porque los sistemas infieren a partir de datos, pero no comprenden contexto, coyuntura ni criterio humano.

Desde esa lógica, Beunza insiste en que la adopción empresarial no debe centrarse solo en herramientas, sino en la capacidad de generar valor real. “No se trata tanto de herramientas como de pensar en qué cosas esto añade capas de valor”. Automatizar procesos comerciales, por ejemplo, no garantiza construir relaciones de confianza. “Puede segmentar muy bien, puede ser muy amable, porque la generativa está programada para ser políticamente correcta, pero eso no implica buenos resultados”.

Por eso propone un enfoque gradual: “Hay que ir probando y evaluando, y cuando tengamos mucha seguridad, entonces escalamos”. La velocidad de la transformación tecnológica genera ansiedad dentro de muchas organizaciones, pero para Beunza el peor escenario es ignorarla. “Lo que no puedes hacer es esconder la cabeza. Esa es la única opción que no es viable”.

Pero el eje central de su análisis no está en la tecnología, sino en las competencias humanas que adquieren mayor relevancia precisamente por el avance tecnológico. “El 85 % del éxito académico y profesional lo explica las soft skills”, sostiene, citando investigaciones académicas. Capacidades como liderazgo, persistencia, pensamiento crítico, tolerancia al estrés o colaboración tienen más impacto que las habilidades puramente técnicas, que cambian constantemente.

Incluso cuestiona el propio nombre de estas competencias. “¿Sabes de dónde viene el término soft skill?”, pregunta. “Lo inventó el Ejército americano para diferenciar las habilidades relacionadas con tanques y metralletas, que llamaron duras, de todas las demás. Y justo las importantes para la estrategia y la gestión de personas terminaron llamándose blandas”. La conclusión es inmediata: “Son todo menos blandas”.

La dimensión ética atraviesa toda la conversación. Beunza explica que el problema no está solo en la tecnología, sino en el uso humano que se hace de ella. “De hecho, la empresa Anthropic está invitando a expertos en moral de la Iglesia a intervenir en sus decisiones y el papa León XIV publica ahora la encíclica sobre IA ‘Magnifica Humanitas’, además de crear una comisión de IA. Nuestro reto es ético y moral, mucho más que tecnológico”. Por eso defiende la necesidad de una IA responsable desde el diseño: algoritmos sin sesgos, sistemas auditables y modelos con mecanismos claros de responsabilidad.

En ese contexto, la inteligencia artificial deja de ser solo una herramienta tecnológica para convertirse en un espejo de las decisiones humanas. Y precisamente por eso, las competencias socioemocionales adquieren un nuevo valor estratégico. No como habilidades complementarias, sino como capacidades esenciales para interpretar, decidir, liderar y convivir en un entorno cada vez más automatizado.

LA EXPOSITORA

María Beunza es licenciada en ADE con especialización en RR. HH.; tiene una maestría en Dirección del IESE Business School, otra en Gestión Estratégica de la Calidad en la Universidad Austral y en Educación por la Universidad de Navarra. Es profesora en la Universidad de Navarra y presidenta de Innovactoras, además de CEO de la empresa Human AI Tech.

EL AUTOR

Jorge Cavagnaro A. posee una maestría en Dirección de Comunicación Empresarial por la Universidad de Las Américas y es licenciado en Comunicación y RR.PP. por la Universidad de Guayaquil.

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