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Gatilladores de la crisis 2024 y escenarios a inicios de 2025

Gatilladores de la crisis 2024 y escenarios a inicios de 2025

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diciembre 16, 2024
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El 2024 dejó a Ecuador atrapado entre la violencia, los apagones y una recesión que golpeó a empresas y familias por igual, mientras el 2025 despierta con más preguntas que certezas.

El 2024 comenzó con una sola preocupación ciudadana en Ecuador: la seguridad. Este fue una conversación monotemática de los primeros meses del año, ahondada después de la toma en vivo de un canal de televisión que recorrió el mundo, y la casi inmediata declaratoria de “conflicto armado interno” de parte del recientemente electo presidente Noboa. Si bien, algunos números en la guerra contra la delincuencia y el narcotráfico parecen haber mejorado ligeramente —algunos delitos como asesinatos violentos bajaron, pero otros, como la extorsión y secuestro, subieron—, el año 2024 cierra con la atención en una crisis inesperadamente profunda y compleja de resolver la eléctrica.

Así en el 2024, se han combinado al menos tres crisis que tienen impactos significativos en las empresas y en la vida de las familias: la de seguridad, la económica y la eléctrica. Lo que complica más las cosas es que ninguna de estas crisis es coyuntural o provocada por shocks externos, a diferencia de la pandemia de 2020, o la caída del precio del petróleo del 2015, o la crisis de contenedores en China y la guerra en Ucrania de 2022.

¿Cómo cierra el 2024?

Al cierre de esta edición solo teníamos datos oficiales de crecimiento económico hasta el primer semestre, antes de los cortes eléctricos que iniciaron en septiembre y se prolongan hasta diciembre. Usemos esa información primero.

La economía del Ecuador tuvo un muy mal primer semestre, prácticamente todos los componentes del PIB decrecieron el primer trimestre, y lo único que evitó una reducción del PIB trimestral fue la “variación de existencias”, un ajuste contable del BCE en su nueva fórmula de cálculo del PIB. Para el segundo trimestre, todos los componentes del PIB volvieron a caer, salvo las exportaciones que recuperaron algo del dinamismo perdido (especialmente con el crecimiento históricamente alto de los precios de cacao), que no fue suficiente para evitar una fuerte caída del PIB trimestral en -2,2 %. Esta cifra negativa no hizo sino corroborar lo que las ventas de las empresas venían señalando varios meses consecutivos. El consumo estaba cayendo fuertemente, la inversión privada estaba frenada y el gasto de capital del Gobierno había bajado. Resultado: junio registró caídas de ventas en 13 de 15 sectores reportados por el SRI. Algunas de esas caídas eran superiores al -15 % (construcción, comercio, turismo, entretenimiento, servicios profesionales, entre otros). Volvimos al rojo intenso y generalizado que no se veía desde la pandemia.

¿Cuáles fueron los desencadenantes de esta caída de ventas? Si bien la economía venía perdiendo dinamismo desde mediados del año 2023, la situación empeora rápidamente con el recrudecimiento de la violencia entre febrero y marzo, los apagones eléctricos en abril y el aumento de impuestos en diciembre 2023 y abril 2024 (aumento del IVA, el ISD y retenciones anticipadas a empresas). Si bien era necesario buscar mecanismos para reducir la brecha fiscal de casi 4500 millones de dólares con la que arrancó el año, el peso del ajuste recayó sobre la empresa privada, pues incluso el aumento del IVA que podía considerarse un impuesto a las familias, terminó generando un aumento de costos empresariales que no se pudieron trasladar al consumidor vía alza de precios. Y todo esto, antes de la crisis eléctrica…

Después de una ligera recuperación de las ventas en julio y agosto, asociada con el ingreso de liquidez como parte del préstamo del FMI, y el pago a proveedores atrasados por parte del Estado, septiembre sumió al país de forma súbita en la crisis de los apagones eléctricos, que llegaron a su punto más alto entre octubre y noviembre con cortes de hasta 14 horas en todo el país. Las pérdidas aún no se pueden cuantificar, y más allá de algunas cifras poco técnicas que se han arrojado, el monto de ventas de septiembre, así como las ventas de vehículos de octubre y reportes de algunos bancos, permiten concluir que la economía ecuatoriana entró en recesión en la segunda mitad del año 2024, solo que todavía no tenemos los datos del PIB para corroborarlo.

Cuando cerremos el año y tengamos la data oficial (lastimosamente recién en febrero 2025 tendremos esas cifras), lejos quedará el crecimiento económico proyectado por el BCE de 0,8 % para el 2024. E incluso, es altamente posible que la previsión del FMI del 0,1 % quede corta, pues tal como pinta el segundo semestre, todos los componentes del PIB deberían volver a caer (salvo por el crecimiento de las exportaciones), lo cual nos llevará por debajo de cero. Algunas estimaciones informales y preliminares estiman entre -0,5 % y -1 %. Esto no sería una sorpresa para las empresas y las familias del Ecuador, que ya han venido sintiendo una crisis económica durante buena parte del año.

¿Qué nos espera en 2025?

Lo máximo que podríamos aventurarnos en las estimaciones del próximo año es hasta el primer semestre de 2025. De ahí en adelante, después de las elecciones presidenciales, los escenarios pueden cambiar radicalmente.

La pregunta que debemos hacernos es si los desencadenantes de la crisis económica del 2024, se pueden repetir en el 2025. En general, si bien la situación no es ideal, podemos anticipar que tendremos una situación más manejable en varios frentes.

  • DEFICIT FISCAL: La importante cantidad de recursos que obtuvo el Gobierno de parte del sector privado, más los desembolsos del FMI (incluidos los que deben ingresar en diciembre), permite no solo cubrir el déficit 2024, sino tener cierto margen de maniobra hasta mediados del 2025. Después, coincidiendo con la segunda vuelta electoral, los recursos escasearán y será necesario pensar en una nueva reforma tributaria, una reducción de subsidios o un nuevo aumento de la tarifa eléctrica (que quizás se aplique antes).
  • IMPUESTOS: Para tranquilidad de las familias y las empresas que pensaban que enero llegaría con más tributos, el Gobierno (el FMI) ha desestimado la necesidad de subir impuestos al iniciar el año. No solo porque el déficit de inicio de año estará cubierto, sino porque no hay la viabilidad política para ello. Lo que queda sobre la cancha es la posibilidad de un nuevo aumento de impuestos a ciertos sectores específicos, quizás al sistema financiero, lo cual sería muy perjudicial no solo para los bancos y cooperativas, sino para el crédito y las tasas.
  • CONSUMO: Si los cortes eléctricos terminan en enero, como varios técnicos señalan, uno de los grandes desencadenantes de la crisis 2024 llegará a su fin (temporalmente, hasta saber qué sucede en la segunda parte del 2025). Con ello podríamos ver una recuperación de las ventas en el primer trimestre del año. Hay liquidez en la economía y el sistema financiero debido a la caída del consumo y a las tasas pasivas altas que, una vez terminados los apagones, podría significar más consumo y ventas. Nada tan fuerte como para cambiar la tendencia de crecimiento económico, pero sí se sentirá como un alivio después la recesión del 2024.
  • EXPORTACIONES: Este podría ser el componente de mejor desempeño en la primera mitad del 2025. Las economías de Estados Unidos y Europa muestran un crecimiento económico importante y sostenido, lo cual favorece nuestras exportaciones. Y China, si bien crece a tasas bajas, está demandando nuevamente productos del Ecuador, lo cual ayudará al camarón. Además, el 2025 se espera que buena cantidad de empresas y sectores que se han estado preparando para exportar a China bajo los beneficios del nuevo TLC, comiencen a crecer.

En suma, la primera parte del 2025 podría tener mejores perspectivas que este apagado y recesivo año 2024. El crecimiento del próximo año seguirá siendo débil, pero seguramente dentro de niveles positivos. Hasta que no tengamos resultados electorales y la capacidad de diseñar un verdadero plan económico y productivo para 4 años (más allá de lo fiscal), no podremos volver a tener el crecimiento económicos que necesitamos y esperamos. Por ahora, nuestra mejor esperanza es que el 2025 sea menos malo que el 2024, y nadie puede estar conforme con eso.

EL AUTOR

Julio José Prado tiene los grados de PhD en Management & Economics por Lancaster University Management School, Reino Unido, y MBA Máster en Dirección de Empresas por IDE Business School. Es economista por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador e ingeniero comercial por la Universidad de las Américas de Ecuador. Fue ministro de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca del Ecuador, y presidente ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados del Ecuador. Es miembro del Strategic Doing Network con sede en la Universidad de Purdue, Indiana, USA.  Actualmente es director del área académica de Entorno Económico y Competitividad del IDE Business School.  

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