A pesar de los desafíos externos e internos, desde conflictos geopolíticos hasta el clima adverso y la inseguridad, el sector bananero ecuatoriano sigue adelante, adaptándose y reforzando sus medidas de seguridad y bioseguridad para mantener su competitividad en el mercado mundial.
Durante las 52 semanas del año, desde Ecuador salen envíos de banano a los diferentes mercados mundiales donde los consumidores disfrutan del sabor y calidad de la fruta nacional. Sin embargo, para que las exportaciones lleguen a esos destinos, las empresas ecuatorianas deben superar desafíos que van más allá de la competitividad.
Todo puede influir en el negocio bananero. Hasta un conflicto bélico a 11.500 kilómetros de distancia —para ser más precisos en Ucrania— todavía afecta las ventas de la fruta, debido a que Rusia, nuestro principal país comprador, está afrontando las consecuencias de ese combate armado.
La devaluación del rublo frente al dólar y las sanciones económicas impuestas a Moscú por Estados Unidos y la Unión Europea, han encarecido las importaciones en el mercado ruso, llevando a los habitantes de ese país a reducir su consumo de banano debido a su alto precio.
De acuerdo con datos de la Asociación de Comercialización y Exportación de Banano (Acorbanec), entre enero y agosto de 2024, Ecuador vendió 45 millones de cajas de la fruta a Rusia, lo cual representó una caída del 12,36% en comparación con el mismo periodo del año pasado.
Un escenario similar se registró en Medio Oriente donde los envíos ecuatorianos disminuyeron en 4,4 millones de cajas. Aquí, Iraq y Turquía marcaron la diferencia negativa: el primer país comenzó a comprar fruta más barata desde India, y el segundo, incrementó su producción de banano.
En contraposición, el mercado estadounidense creció de forma significativa —33,56% en el periodo analizado—, debido a los problemas de producción de los países centroamericanos. Esto llevó a las transnacionales que abastecen al norte del continente a comprar fruta ecuatoriana.
Este comportamiento asimétrico de los diferentes destinos generó como resultado general que Ecuador exporte 244 millones de cajas de banano entre enero y agosto 2024, es decir, una caída del 1,55% con relación al 2023 (ver Gráfico 1 en versión descargable).
Estas son buenas noticias ante el complicado panorama internacional, porque no solo es el conflicto Ucrania-Rusia que está en el tablero geopolítico: los ataques entre Israel y sus vecinos han generado problemas en el estrecho de Mandeb, ubicado entre África y Asia, escenario de ataques armados de milicianos hutíes de Yemen a las embarcaciones mercantes que transitan por la zona. La situación ha provocado retrasos del comercio exterior y el encarecimiento de los fletes navieros hacia esa parte del mundo.
En el continente americano también se presentaron problemas logísticos por la sequía que afectó al Canal de Panamá. Al tener menor volumen de agua en sus esclusas se restringió el paso de barcos en ambos sentidos: del Océano Pacífico al Océano Atlántico, y viceversa. Este hecho sí tuvo una incidencia directa en las exportaciones de banano ecuatoriano para los envíos con rumbo a la Costa Este de Estados Unidos, Europa, Medio Oriente y el norte africano.
Por la ubicación geográfica de Ecuador las navieras necesitan pasar por la infraestructura panameña para llevar los productos nacionales a los destinos antes mencionados. Afortunadamente, el país no perdió espacio en las embarcaciones. La afectación vino por la demora en los días de traslado y, por ende, el costo logístico aumentó para las exportadoras.
Este valor adicional no se puede transferir al precio final del producto, debido al competitivo mercado mundial. Un dólar o centavos adicionales hacen la diferencia entre conservar o perder contratos con los grandes importadores y supermercados.
A eso se suma que Ecuador es el único país de la región que tiene un precio mínimo de sustentación para la caja de banano, que este año es de 6,85 dólares y que para el 2025 está previsto que suba a 7,25 dólares, un incremento cercano al 6% que tampoco se puede trasladar al consumidor en el mundo, que tiene una tendencia por comprar cada día frutas más baratas.
Todos estos factores son los desafíos casa afuera de la industria bananera ecuatoriana, pero dentro del país también hay inconvenientes. El más importante e impredecible es el clima, que ha incidido en la producción de las plantaciones.
Las variaciones de las temperaturas con noches-madrugadas frías y aumento de radiación solar en el día, así como exceso de lluvias en los primeros meses del año en varias zonas productoras, afectaron el desarrollo fisiológico de las plantas, lo cual se tradujo en rendimientos de los racimos por debajo del promedio histórico.
Con este comportamiento, los enfundes semanales bajaron en las fincas. La oferta bananera del país disminuyó y no pudo aprovechar en mayor dimensión los problemas productivos de los competidores centroamericanos.
Para los siguientes meses el panorama climático es poco alentador ante el periodo de sequía que vive el país. Los Ríos, Guayas, El Oro y Santa Elena, que concentran más del 93% de las 195.000 hectáreas de cultivos de banano en el territorio nacional (ver Gráfico 2 en versión descargable), están en su estación seca en la actualidad.
En diciembre la situación debe cambiar con la llegada del invierno, lo cual favorecerá a la producción, pero si las precipitaciones son escasas se espera un impacto en las cosechas, sobre todo, en los pequeños productores que no tienen infraestructuras de riego modernas o de alta eficiencia en sus fincas.
Los bananeros ecuatorianos no solo están preocupados por el clima, sino también por las plagas. La sigatoka negra es un enemigo constante en todos los meses que se combate con ciclos de fumigación de fungicidas, y ahora se ha sumado con fuerza la bacteria Ralstonia solanacearum raza 2, más conocida como moko.
Entre enero y agosto de este año, la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitaria (Agrocalidad) reportó la presencia de la enfermedad en 2.612 hectáreas de plátano y banano en el país, la mayoría ubicadas en Los Ríos. Las alertas se activaron para establecer acciones concretas a fin de evitar su mayor propagación.
La preocupación es compresible, pues el moko provoca la pudrición de los frutos, así como la marchitez y muerte de las plantas afectadas, debido al taponamiento de los haces vasculares, lo que impide la normal distribución del agua y nutrientes por todo el organismo.
La transmisión es sencilla. La bacteria está en suelo y puede ser transportada en un calzado, neumáticos o herramientas agrícolas, incluso a través de insectos, y puede sobrevivir en el terreno por años si no se la erradica.
Aunque es posible replantar en las áreas afectadas luego de su recuperación, el proceso puede tomar entre cuatro y seis meses desde el tratamiento hasta la nueva siembra y más tiempo hasta que las plantas sean productivas nuevamente.
El fusarium raza 4 tropical (R4T), en cambio, es la ‘espada de Damocles’ de la industria bananera del Ecuador. El hongo no está presente en las plantaciones del país, pero ya se reportaron casos en Perú y Colombia, lo que hizo redoblar los esfuerzos sanitarios para impedir su ingreso.
Constantemente se hacen campañas de concienciación e información entre los productores para que mantengan las medidas de bioseguridad en las fincas alertando del alto riesgo de la plaga, que se pueden transmitir por tierra y agua, puede durar más de 20 años en la plantación afectada, genera la marchitez de la planta y, lo más importante, no tiene cura.
A este complicado entorno se suma la inseguridad, que se manifiesta en las afectaciones a los trabajadores víctimas de la delincuencia en las zonas rurales, las amenazas y extorsiones a los propietarios de las haciendas, y la contaminación con droga de los contenedores de banano con la intención de llegar a Estados Unidos y a Europa.
Para contrarrestar esta problemática, las empresas de la industria invierten alrededor de 100 millones de dólares anuales en aumentar sus sistemas de seguridad y de monitoreo de carga. Esto afecta los costos operativos durante la cadena productiva y daña la imagen del Ecuador cuando un cargamento llega al destino con sustancias estupefacientes. A pesar de todo, el sector bananero ecuatoriano sigue adelante.
EL AUTOR
Fausto Lara Flores es licenciado en Comunicación Social con más de 20 años de experiencia en periodismo económico y creación de contenidos editoriales. Se ha desempeñado en medios de comunicación impresos y audiovisuales, con roles de redactor, editor y jefe de redacción en los periódicos Diario Meridiano y Diario El Telégrafo, así como editor general del Semanario Ecuador Interesante. Actualmente lidera como editor en Revista Enfoque y en proyectos especiales para Editorial Vistazo. Además, ha colaborado en estrategias de comunicación, relaciones públicas y formación de voceros, así como en la redacción de libros y memorias corporativas.