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Cien años de soledad en Ecuador: agenda de desarrollo para un país sin propósito

Cien años de soledad en Ecuador: agenda de desarrollo para un país sin propósito

Día
febrero 20, 2025
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La falta de una visión a largo plazo ha llevado al Ecuador a un ciclo de estancamiento.

La peste del insomnio en “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez es una metáfora poderosa que refleja la amnesia colectiva que hemos experimentado. Al igual que Macondo, hemos olvidado nuestros orígenes y nos hemos dejado llevar por sucesos inmediatos. Necesitamos una agenda de desarrollo con propósito que nos permita construir un futuro sostenible y próspero, basado en nuestras fortalezas y en una visión compartida.

En los últimos 10 años, el Ecuador ha crecido menos del 2% promedio y esto se llama estancamiento. Cuando un país como el Ecuador se estanca, cuando no crece al doble que lo que crece su población y sus necesidades, no se sale nunca de la pobreza. Por otra parte, el estancamiento aumenta la vulnerabilidad a recesiones y a crisis que se agravan y nunca pasan.

Resulta entonces que no hay capacidad, ni fuerzas, ni recursos para hacer frente a la delincuencia organizada y violenta, conflictos políticos y sociales, o crisis energéticas. El aumento del 15% en la liquidez del sistema financiero es un síntoma más de esta enfermedad. La falta de oportunidad y confianza en el crecimiento hace a las personas guardar el dinero en lugar de invertir o consumir. Como resultado, este año la crisis se agravará y dará crecimientos negativos de hasta el -2%.

En el Ecuador se han destruido más de 400.000 empleos adecuados solamente desde la pandemia. Mientras, la población crece y los ingresos disminuyen. Para aspirar a mejores días, el país debe recuperar esos empleos perdidos y generar otro millón más.

Hoy no estamos viendo ese crecimiento, debido al abandono y la falta de una agenda de desarrollo que impulse la economía con actividades generadoras de empleo, dólares, liquidez y crédito.

La aspiración por parte de las autoridades de crecer el 1% por ciento y la de ahora del 0,5% para el 2025, refuerzan aún más esa mentalidad derrotada que debemos curar. Sin embargo, hay caminos que pueden llevarnos a un mayor crecimiento, y a estar mucho mejor.

El Ecuador necesita una agenda de desarrollo que entienda que la planificación es necesaria, con los empresarios privados y los trabajadores en el centro de la actividad económica, pero con el apoyo de los recursos, institucionalidad y coordinación del poder del Estado.

En la situación actual de estancamiento y pesimismo, no se puede esperar a que el desarrollo se despierte por sí solo. Es necesario que el Estado Ecuatoriano, con un presupuesto superior a los 30.000 millones de dólares anuales, actúe contra ciclo con más tecnología, más capacitación y más crédito para emprender y crecer.

Ecuador necesita una agenda de desarrollo que entienda que la planificación es necesaria, con los empresarios privados y los trabajadores en el centro de la actividad económica, pero con el apoyo del Estado.

Esto lo entienden los países más capitalistas que invierten en estimular, apoyar y hacerle justicia a los méritos de la actividad privada con desarrollo tecnológico y visión estratégica. Un país con propósito necesita de un Estado con propósito.

Las avenidas de desarrollo para el Ecuador deben priorizar tanto el crecimiento económico como la incorporación de la población al trabajo formal, productivo y bien remunerado.

La economía del goteo, de crecer en la extracción de recursos mineros o petroleros, y el gasto público y el consumo de importación, no es sostenible, ya que genera burbujas económicas y la ilusión de desarrollo. Es necesario enriquecer la economía con soluciones que modernicen y desarrollen el empleo artesanal, de servicios técnicos y profesionales, y de la industria sobre todo alimentaria.

El empleo se encuentra en la reconstrucción de la capacidad industrial y en la prestación de servicios de alta calidad por parte de ecuatorianos bilingües y capacitados, tanto para clientes locales como para visitantes y mercados externos. También, el desarrollo de corredores turísticos seguros es fundamental para crear una economía de servicios local y exportable.

La inversión en agricultura con tecnología para la productividad es capaz de generar tanto ingresos por exportaciones, como empleos directos e indirectos. Pero, sobre todo, es la oportunidad para con la participación de todos, fomentar el emprendimiento y una cultura de excelencia y productividad de clase mundial. Por ello, la desaparición de pequeños y medianos productores y exportadores como resultado de las crisis locales y mundiales, y la concentración en pocas empresas grandes, puede ser un síntoma preocupante, que requiere intervención estatal.

Casi 7 de cada 10 ecuatorianos trabajan de manera informal e independiente, con ingresos por debajo del mínimo y que no alcanza para cubrir la canasta básica. Es necesario crear oportunidades para transformar este trabajo precario, sin horarios y de subsistencia, en empleo productivo, moderno y estable. Para lograrlo, se requiere apoyo estatal para capacitarlos, incrementar su productividad y brindarles acceso a tecnología, crédito e inversión, permitiéndoles integrarse como proveedores en cadenas productivas en crecimiento.

Es necesario cambiar de una economía de consumo desmedido, que ha llevado al sobreendeudamiento de miles de ecuatorianos, a una economía basada en el trabajo y el merecimiento. El objetivo es construir un país que produzca más de lo que gasta, superando el estancamiento y asegurando un futuro próspero.

Es hora de despertar de este letargo colectivo y adoptar una agenda de desarrollo con propósito que nos permita construir un futuro mejor para todos. Al igual que en el Macondo de “Cien años de soledad”, la ausencia de objetivos y de caminos de futuro, ha generado una profunda desilusión y estancamiento en nuestra sociedad. Sin embargo, como los personajes de la novela, podemos elegir nuestro destino. Podemos decidir construir un país con propósito, mejor encaminado, más inclusivo y próspero.

EL AUTOR

José Abel Defina tiene los grados de PhD en Dirección de Empresas por IESE Business School de la Universidad de Navarra y MBA Máster en Administración de Empresas por Harvard Business School. Es abogado y licenciado en Ciencias Sociales y Políticas por la Universidad Católica de Guayaquil. Es profesor de Dirección Financiera en el IDE Business School y consultor de proyectos de inversión, tanto en empresas públicas como privadas.

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