Las historias revelan quiénes somos: incomodan, conmueven y nos enfrentan a dilemas éticos, invitándonos a elegir entre la violencia y la humanidad.
Parte de la belleza de las historias es que nos revelan la verdad sobre nosotros mismos, nuestras relaciones y la realidad. Ser un storyteller significa hablar en metáforas, describir lo invisible, tocar emociones, despertar inquietudes, jugar con palabras y, sobre todo, mover corazones. Somos seres que, a lo largo del tiempo, hemos querido que nos cuenten cuentos, mitos, poesías. Hay un encanto en el acto de encarnar la vida de otros personajes, habitar mundos fantasiosos y lidiar con retos casi imposibles.
El cine, como séptimo arte, reúne en sí todas las disciplinas, especialmente la de contar historias. Pero, como todo arte, también interpela al espectador. Haciendo eco de Bobette Buster —consultora de guion y profesora en mi máster—, las películas están para aliviar al afligido o incomodar al cómodo. Un simple accidente (2025), thriller y drama político, logra precisamente eso: incomoda, cuestiona y, por momentos, también hace reír. Expone dudas éticas ante la injusticia y la venganza, así como la decisión de un individuo que las ha sufrido en carne propia.
Dirigida por Jafar Panahi, Un simple accidente narra el conflicto de Vahid, un iraní exprisionero político que cree encontrarse con su antiguo torturador y ve la oportunidad de vengarse… o no. En un Irán contemporáneo, la película comienza con un “accidente trivial”.
A oscuras, durante un viaje familiar, Eghbal atropella a un perro, y aquel incidente da paso a una serie de sucesos encabezados por Vahid. Una vez en su taller, Eghbal busca reparar la avería de su automóvil tras el accidente, mientras que un chirrido distrae a Vahid. El ruido de la pierna de Eghbal al caminar despierta en él una tempestuosa duda: ¿será aquel el hombre que lo torturó años atrás? En un arrebato de venganza, Vahid lo secuestra y busca el parecer de otras víctimas que compartieron su trauma: un librero, una fotógrafa de bodas, una novia con su futuro marido, entre otros. En una minivan, todos se aventuran a descubrir la identidad de ese hombre, con una pregunta que les pisa los talones: ¿qué hacer después?
El director iraní Jafar Panahi se ha consolidado como una figura clave del cine contemporáneo y también se le reconoce como un patriota consciente de su responsabilidad social. Con obras como El globo blanco (1995), El círculo (2000), Taxi (2015) y Tres caras (2018), su filmografía traza un retrato de la sociedad iraní, y su última obra está indisociablemente ligada a su experiencia vital. Tras ser encarcelado durante siete meses por “propaganda contra el sistema” iraní, Panahi guarda tortuosos recuerdos y admite haberse cuestionado la posibilidad de reconocer a quienes ejercieron violencia sobre él en el pasado.
Filmada de modo clandestino, la película utiliza planos generales con una fina composición visual y colores predominantemente fríos. Los exquisitos contrastes cromáticos en la oscuridad refuerzan el conflicto moral que conduce la trama, propio del estilo neorrealista. En esta misma línea, el rojo neón que se refleja en ciertos rostros, por ejemplo, puede leerse como una alusión al delito sangriento del que acusan a Eghbal. También sugiere una pérdida de humanidad ante el arrebato de las pasiones violentas.
El realismo de la obra se debe, en gran parte, al uso combinado de actores no profesionales y otros con experiencia. Entre ellos, destacan las interpretaciones de Vahid Mobasseri y Eghbal Ebrahim Azizi, cuyo personaje revela el cinismo y la crudeza de una conciencia sin escrúpulos.
Asimismo, el guion introduce momentos de humor que aligeran la densidad dramática y que, además, parecen subrayar el absurdo del ciclo de la violencia. El ritmo deliberadamente pausado exige una implicación activa por parte del espectador, algo poco común en el cine contemporáneo y que delata su distancia respecto a lo comercial. A la vez, permite asimilar y habitar el angustioso conflicto interno de los personajes, logrando una inmersión que sorprende con giros inesperados, momentos catárticos y, sobre todo, con dilemas éticos y humanistas.
Estrenada en octubre de 2025, fue ganadora de la Palma de Oro en Cannes, lo que convierte a Panahi en uno de los pocos directores que han obtenido los principales premios del cine mundial: Cannes, Venecia y Berlín.
Es una película que, más allá de su calidad cinematográfica, es también una crítica marcada por la voz de su autor. Y, a la vez, no alude solo al sistema, sino que interpela a cada espectador, cuestionando sus decisiones diarias y sus actitudes frente a la violencia. En una realidad amenazada por las guerras, este largometraje sugiere la valentía de tomar una postura ante la violencia, marcando la diferencia entre quien actúa desde la irracionalidad y quien lo hace desde su humanidad.
UN SIMPLE ACCIDENTE
Título: Un Simple Accidente
Título original: It Was Just An Accident, Yek tasadef sadeh
Producción: Irán, 2025
Duración: 105 min.
Dirección y guion: Jafar Panahi
Intérpretes: Delmaz Najafi, Ebrahim Azizi, George Hashemzadeh, Hadis Pakbaten, Madjid Panahi, Mariam Afshari, Vahid Mobasseri
Género: Drama, Thriller, Humor Negro
Público: Jóvenes – adultos
Estreno: 17/10/2025
Contenidos (escala 0–3): ritmo 2, violencia 1, humor 2.
Valoración: 9/10

LA AUTORA
María Romina Galeano Viteri es Máster en Guion y Producción por la Università Cattolica del Sacro Cuore (Milán, Italia), y licenciada en Comunicación por la Universidad Hemisferios (Quito, Ecuador). Es guionista y comunicadora audiovisual. Ha desarrollado guiones para spots y podcasts, trabajado en análisis de guion y como script supervisor. Colabora en crítica y catalogación cinematográfica en Europa, y se especializa en edición, diseño gráfico y estrategia creativa para contenidos audiovisuales y marcas. Recibió el premio Spondylus de la Universidad Hemisferios a la mejor estrategia de comunicación digital, mejor cortometraje y mejor diseño gráfico. Ha colaborado con la revista digital imore.it, en el Milán Fashion Week.