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Navegando en aguas de incertidumbre

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febrero 20, 2025
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Nuestra gente se debilita, cae en la desesperanza y pierde el foco; no podemos olvidarnos de que es con ellos con los que podemos sobrellevar la tormenta, pero necesitan nuestro apoyo.

No voy a comenzar diciendo que la palabra crisis es igual a oportunidad porque estaría mintiendo o dando falsas esperanzas. Una crisis es una crisis, por donde se la quiera ver, pero como todos los desafíos en la vida, es necesario navegarla, surfearla, montarla como a potro salvaje hasta domarla.

No hay ninguna duda de que estamos pasando momentos difíciles: tema energético, desempleo, economía contraída, panorama político incierto, una amenaza de guerra mundial a la vuelta de la esquina, y la transformación digital inminente que nos muestra un panorama muy complicado. La mala noticia es que se puede poner peor, la buena es que todas las crisis pasan y que sobrellevar una nos hará mejores empresarios y mejores personas.

Carecemos de recetas exactas y totalmente acertadas. Seguro es una mezcla de muchas cosas lo que nos puede ayudar a mantener la ruta, pero sí podemos tener claras algunas premisas:

Trabajar más, el doble, el triple, porque la crisis no da tregua. Gastar lo menos posible, pero invertir si es necesario. Crear un comité de crisis para que nos ayude a mirar fuera del estanque, pero al mismo tiempo formar un comité de innovación para definir nuevas alternativas y poder ver las oportunidades que surgen en estos momentos. Asimismo, un modelo estratégico debe acompañar estas decisiones, porque la ansiedad nos puede llevar a mirar solo el día a día, la caja —que es crucial, por supuesto—, pero el futuro será un juez inclemente si dejamos de apuntar hacia adelante.

Concentrarnos en las personas. Nuestra gente se debilita, cae en la desesperanza y pierde el foco; no podemos olvidarnos de que es con ellos con los que podemos sobrellevar la tormenta, pero necesitan nuestro apoyo.

Alejarse de los pesimistas, dejar de oír lamentos de aquellos que solo ven lo trágico. Necesitamos visionarios, optimistas que vean salidas, profesionales que no se dan por vencidos, luchadores que están dispuestos a dejar la piel en el último intento.

 Por último, adaptarnos al cambio continuo. Si algo no funciona rectificar en el instante, observando qué hacen otros, buscando aliados estratégicos —muchos—, y aprovechando la globalización que volvió el mundo más pequeño.

Si revisan estos puntos —seguramente faltan muchos—, van a intuir que estoy descargando toda la responsabilidad en el liderazgo, el lugar más solo del planeta. Por eso es tan importante diferenciar entre cansancio y fatiga. Los líderes tienen derecho a fatigarse, pero nunca a cansarse. Así que ¡a soltar las velas!

EL AUTOR

Diego Alejandro Jaramillo Arango tiene el grado de doctor en Arte Latinoamericano por Harvard University y máster en Literatura Latinoamericana por University of Massachusetts. Es miembro de varios directorios de empresas multinacionales y conferencista en el área de Desarrollo Humano y Orientación Familiar. Ha escrito más de 20 libros y diversos artículos sobre sus áreas de interés. Actualmente es rector de la Universidad Hemisferios y profesor del área de Dirección de Personas del IDE Business School.

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