Con una gestión adecuada, respetuosa del ambiente y de los derechos de las comunidades, el Ecuador puede consolidarse como un líder minero responsable a nivel regional y global.
En tan solo cinco años, el sector minero de Ecuador pasó de ser un jugador sin protagonismo en la economía nacional, a convertirse en el quinto rubro más importante de las exportaciones y a consolidarse como una pieza clave para la generación de empleo, el desarrollo local y la atracción de inversiones estratégicas.
Todo ello impulsado por la minería a gran escala, y eso que el país solo tiene dos minas con esta categoría: Mirador y Fruta del Norte, ambas ubicadas en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe, operadas por las empresas EcuaCorriente y Lundin Gold, respectivamente. Ellas son el motor de este crecimiento acelerado de la industria en los últimos años.
Las cifras evidencian esta tendencia. En 2019, cuando comenzó la actividad extractiva de ambas concesiones, las exportaciones mineras del Ecuador apenas superaban los 300 millones de dólares, y de ahí han escalado a los 3074 millones de dólares en 2024, de acuerdo con los datos del Banco Central.
Una curva ascendente, que solo tuvo un ligero revés el año pasado (-7,5 %), el cual respondió a circunstancias puntuales, como los controles más estrictos en la pequeña minería para evitar exportaciones ilegales y los problemas temporales en Mirador, afectada por la crisis energética que generó una suspensión parcial de operaciones en los últimos meses del año. La situación no fue peor porque Fruta del Norte contaba con autogeneración eléctrica, lo que permitió seguir operando a pesar de los racionamientos.
A pesar de los desafíos enfrentados en los últimos años, los resultados obtenidos y las proyecciones futuras evidencian que esta industria tiene un papel protagónico en la transformación productiva del país.
Proyectos estratégicos en expansión
De cara al futuro, el sector minero se prepara para una nueva etapa de expansión. Existen seis proyectos en fase madura de exploración —Curipamba-El Domo, La Plata, Loma Larga, Cascabel, Cangrejos y Warintza—, que podrían entrar en construcción en los próximos dos a cuatro años. Estos proyectos representan una oportunidad única: se estima que atraerán al menos 8000 millones de dólares en inversión en zonas rurales y deprimidas, dinamizando economías locales que históricamente han estado al margen del crecimiento económico nacional.
Curipamba-El Domo, ubicado en la provincia de Bolívar, es uno de los proyectos más avanzados. Con una inversión inicial de 248 millones de dólares para su etapa de construcción, se proyecta generar 800 empleos directos y 3000 indirectos. Este proyecto no solo explotará metales como plata, oro, cobre y zinc, sino que también contribuirá a mejorar las condiciones de vida de las comunidades locales, replicando el impacto positivo observado en Zamora Chinchipe tras la operación de Mirador y Fruta del Norte.
En Cotopaxi, el proyecto La Plata se perfila como otro motor de desarrollo. Con reservas de cobre, oro, plata y zinc, su construcción está condicionada a la obtención de licencias ambientales y sociales. Si se cumplen los plazos previstos, la mina podría entrar en operación en 2026, fortaleciendo aún más el portafolio de proyectos mineros del país.
Por su parte, Cascabel, en la provincia de Imbabura, promete revolucionar la minería ecuatoriana al ser considerado un proyecto de clase mundial. Se estima que producirá cobre, oro y plata, con una inversión que podría superar los 4200 millones de dólares. El impacto de este proyecto no se limitará al sector extractivo: aportará más de 6700 millones de dólares en beneficios fiscales y generará miles de empleos, mejorando las condiciones de infraestructura, educación y salud en las comunidades aledañas.
Potencial geológico y desafíos institucionales
Es fundamental reconocer que menos del 1 % del territorio nacional ha sido explorado de manera efectiva, pese al enorme potencial geológico que posee Ecuador, especialmente en la cordillera de los Andes. Este potencial convierte al país en un destino estratégico para la exploración y explotación responsable de minerales críticos para la transición energética mundial.
No obstante, la minería a gran escala requiere un entorno jurídico y político estable para prosperar. Durante años, la falta de seguridad jurídica y la conflictividad social afectaron la percepción de los inversionistas. Hoy, afortunadamente, se observan señales positivas. Las recientes sentencias favorables en los casos de Curipamba-El Domo y La Plata, donde acciones de protección intentaban frenar el avance de los proyectos, refuerzan la institucionalidad y ofrecen confianza a los capitales foráneos.
En este contexto, el 2025 es un año crucial. El gobierno de Daniel Noboa, recientemente reelecto, tendrá la responsabilidad de garantizar reglas claras, procesos transparentes y políticas públicas que favorezcan el crecimiento sostenible del sector. Asimismo, la apertura del catastro minero, prevista para diciembre próximo, es una oportunidad que no debe desaprovecharse para potenciar la exploración y atraer nuevas inversiones.
Minería como palanca para el desarrollo sostenible
La apertura del catastro es fundamental para planificar el desarrollo de la industria minera con una visión sostenible, garantizando la convivencia con otras actividades económicas y reduciendo conflictos sociales y ambientales. Por ejemplo, se evitaría la entrega de concesiones en reservas naturales o zonas intangibles.
Adicionalmente, si el Ecuador logra abrir el catastro con el respaldo de una plataforma tecnológica de clase mundial como la que se está desarrollando, incentivará la llegada de empresas mineras extranjeras de gran calibre que buscan entornos seguros para sus inversiones.
La minería industrial no es solo una actividad extractiva, es un catalizador para la transformación económica, la inclusión social y el desarrollo regional. Con una gestión adecuada, respetuosa del ambiente y de los derechos de las comunidades, el Ecuador puede consolidarse como un líder minero responsable a nivel regional y global.
La historia de países como Chile, Perú o Canadá demuestra que la minería bien gestionada puede ser un motor de prosperidad, dejando atrás los fantasmas de que toda actividad extractiva es contaminante para el ambiente y peligrosa para las comunidades cercanas. Ecuador tiene el potencial geológico, la capacidad técnica y ahora, cada vez más, el marco institucional necesario para seguir ese camino.
La minería a gran escala representa, sin duda, una apuesta estratégica para el Ecuador del futuro. No es solo una fuente de ingresos es una palanca para el desarrollo sostenible, la reducción de la pobreza, la diversificación de la economía y con miras a convertirse en el nuevo sector insignia del país para el 2030, con un horizonte petrolero incierto debido a los precios internacionales y con reservas de crudo que no han aumentado de forma importante en los últimos años.
La responsabilidad ahora recae en todos: autoridades, empresas, comunidades y sociedad civil. Aprovechar esta oportunidad histórica depende de la capacidad para construir consensos, respetar la ley, y mirar hacia adelante con visión, pragmatismo y compromiso con el bienestar de todos los ecuatorianos.
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EL AUTOR
Fausto Lara Flores es licenciado en Comunicación Social con más de 20 años de experiencia en periodismo económico y creación de contenidos editoriales. Se ha desempeñado en medios de comunicación impresos y audiovisuales, con roles de redactor, editor y jefe de redacción en los periódicos Diario Meridiano y Diario El Telégrafo, así como editor general del Semanario Ecuador Interesante. Actualmente lidera como editor en Revista Enfoque y en proyectos especiales para Editorial Vistazo. Además, ha colaborado en estrategias de comunicación, relaciones públicas y formación de voceros, así como en la redacción de libros y memorias corporativas.